El miedo cotidiano

El miedo ha dejado de ser un afecto ocasional o transitorio del sujeto de nuestros días  para convertirse en un acompañante cotidiano. Toma distintos aspectos desde la ansiedad o angustia difusa, que no reconoce una causa definida y que muchas veces se expresa en síntomas corporales, hasta las formas nuevas de un pánico que en su búsqueda de metabolización ha distorsionado las relaciones interpersonalesy socialesde nuestro tiempo.

 

No cabe duda que la incertidumbre, el desconcierto, la imprevisibilidad marcan una ausencia de referentes que se traduce en desamparo, desprotección hasta llegar a vivencias abismales.

¿ Cómo reaccionamos hoy ante esto ? Las conductas son el resultado de mecanismos de defensa primitivos como rechazo de la realidad, negación, transformación en lo contrario, etc y se articulan formas de convivencia que pretenden ofrecer una imaginaria seguridad. Lo que muchas veces se produce en cambio es un intensificación del aislamiento con la debilidad consiguiente y que tiene como colorario la potenciación de la angustia y el miedo.

Algunas veces se busca o más bien se crean figuras depositarias de omnipotencia salvadoras que aprovechando o viéndose atrapadas en esta proyección infantil del resto terminan desencadenando formas variadas de violencia. Las tensiones se polarizan y el sujeto en su calidad singular queda  cada vez más ensombrecido.

Esto lleva a una pregunta esencial en relación al miedo del hombre ¿ adonde ha quedado lo humano, lo sensible, lo específico, lo propio que nos constituye y nos define como tales?. Se abren nuevas preguntas, algunas respuestas y esbozos de pronóstico.

La tecnología inaugura posibilidades pero también ilusiones.

Las disciplinas humanísticas cuestionan pero también adaptan.

Desde otra perspectiva será interesante enfocar el recorrido que el miedo hace en el seno dela familia. Unaeducación sostenida y acosada simultáneamente por el miedo. Modelos de crecimiento e identificaciones conflictivas que provocan vivencias caóticas.

Otra mirada que merece ser tenida en cuenta es la relación entre el miedo y el poder. Los poderosos que atemorizan, los poderosos frente a aquellos que quieren atemorizarse para suponerlos dotados de una fuerza y un dominio que paradojalmente los reasegure, a cambio de la sumisión, y también el miedo de los poderosos que necesitan buscar objetos temibles para encontrar un lugar a un terror sin nombre.

Vale la pena examinar el espacio que ha quedado para  la vida amorosa y la sexualidad en un mundo donde el acercamiento y el contacto buscan ser evitados y donde el encapsulamiento narcisista, desde su pequeñez objetiva, ofrezca una grandeza imaginaria que en la subjetividad parezca indestructible.

Los trastornos de la vida sexual interrogan al deseo. ¿ La ternura ha quedado limitada a áreas restringidas o es ya sólo un recuerdo ? ¿ Material vivo de psicólogos o descubrimiento de arqueólogos ?

Pero tenemos respuestas esperanzadas que ofrecer. Se trata de reconocer al otro, de entender que compartir nos enriquece si lo que está en juego es un proyecto común y que la adversidad puede ser tolerable o resistida cuando tenemos a otro a nuestro lado. Del mismo lado en su singularidad y su diferencia. Algunos definen a esto como la necesidad de fortalecerla comunidad. Otrossabemos que tenemos que empezar por construirla. Para que los remolinos del caos se transformen en perfiles dinámicamente estables de una vida que merece ser vivida.

José Eduardo Abadi | 26 de Marzo de 2012