Separación y después

 

Las encrucijadas que derivan en la separación de una pareja son múltiples y no pretendo abarcarlas todas en una nota pero sí en cambio dibujar algunas características que son frecuentes e importantes.

 

Toda separación es resultado de un conflicto que no fue posible de resolver sino a través de ella. El puente que hacía posible ese vínculo que trasciende la singularidad de cada uno para convertirse en un proyecto compartido quedo deteriorado, bloqueado o destruido.

Sabemos el sufrimiento que conllevan estas situaciones y me estoy refiriendo a la angustia, la insatisfacción, la tristeza y esa falta de iniciativa que podemos ligar a la alegría de compartir.

¿Qué hacer entonces?¿Soportar la tensión dándole a la resignación el timón de nuestra conducta? Esta medida vestida tantas veces de prudencia o cautela deriva en muchas conductas contraproducentes tanto para el otro como básicamente contra uno mismo.

El miedo suele ser un enemigo frecuente a la hora de tomar las decisiones más comprometidas. Lo nuevo aún cuando pueda ser esperanza está teñido por la ansiedad que provoca lo desconocido. Eso lleva a dudar de la propia capacidad para resolver el atrapamiento en que se encuentra la persona así como a convencerse equivocadamente que no se cuentan con los recursos para comenzar una nueva etapa.

El padecer innecesario no ayuda a nada ni a nadie. Tiene en cambio como consecuencia síntomas neuróticos y otras veces afecta la salud en forma global.

Cuando una mujer interrumpe su vida con una determinada pareja porque este lazo ha dejado de ser saludable y nutritivo siente al inicio temor, desconcierto y muchas veces desamparo. Es importante que pueda reconocer ese nuevo estatuto en que se encuentra como un comienzo, una resignificación de muchos aspectos de sí misma y una ventana abierta a descubrimientos futuros.

Darse cuenta que tal vez estaba definiendo la dependencia como seguridad y el sometimiento como protección. Hay que desmantelar esta falacia y dotada de un optimismo lúcido buscar nuevos vínculos, explorar áreas de sí misma hasta ahora dormidas y fundamentalmente legitimar su ambición de disfrutar y ser feliz.

Interlocutores inteligentes que pueden ser desde amigos hasta eventuales

terapias son aliados para desterrar culpas injustificadas y mandatos arcaicos.

La llave del mañana está en las manos de aquellas que se atreven a ser auténticas y convertirse en las autoras del argumento de su vida.

José Eduardo Abadi | 27 de Agosto de 2012